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Artículo de octubre, revista Página del Distrito. Emilia Pardo Bazán.

En este 2021, centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán, no puede faltar una reseña sobre ella en ninguna revista ni periódico que se precie (ni en los que no se precien). Es imposible condensar en un pequeño artículo quién fue doña Emilia, pero confío en que el presente sirva para recordarla y para instaros a leer o releer alguna de sus obras.

Emilia Pardo Bazán, una mujer adelantada a su época

Emilia fue, lo sabemos todos, escritora, pero también traductora, maestra de universidad y periodista. Fue la primera mujer en ser acreditada como corresponsal en el extranjero y en ser socia del Ateneo de Madrid. Introdujo el naturalismo en España, fundó su propia revista Nuevo Teatro Crítico, participó en las tertulias literarias más importantes de la época (eminentemente masculinas) y creó el proyecto editorial “La biblioteca de la mujer”, para que sus contemporáneas accediesen a una educación similar a la de los hombres.

Emilia fue una figura aparentemente contradictoria. Ferviente católica, casada desde los dieciséis años y madre, no dudó en separarse de su marido cuando este se opuso a su trabajo intelectual. Era conservadora, noble, carlista, feminista y defensora de la clase obrera. Resulta difícil imaginar un carácter como el suyo.

Quizá todo empezó con el apoyo incondicional de su padre, quien se esforzó porque Emilia tuviera una esmerada educación. Ella recordaría toda su vida esta frase que él le dijo: “Mira, hija mía, si te dicen alguna vez que hay cosas que pueden hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para dos sexos”.

Emilia se lanzó así a un mundo que no estaba preparado para la irrupción de una mujer educada como un hombre y al que tuvo que convencer, no solo de su valía, sino de la de todas: “Error profundo imaginar que adelantará la raza mientras la mujer se estacione. Al pararse la mujer, párase todo”.

Como la anterior, existen una infinidad de frases lapidarias que doña Emilia grabó para siempre en la historia de la literatura y del feminismo.

“Rayo con los mariditos mantenedores. Además ¿de dónde saca usted que quiero recibir de nadie lo que puedo agenciarme yo misma?”. Extraída de su novela Memorias de un solterón.

“Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, siempre será una felicidad inmensa, que contigo y solo contigo se puede saborear”. Dedicada a Galdós, uno de sus muchos amantes, pues la vida sexual de Emilia en el XIX y principios del XX fue un verdadero escándalo.

Sobre la maternidad como única función femenina, ella, que fue madre de tres hijos, escribió: “Todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos. El ser humano no es un árbol frutal que solo se cultive por la cosecha”. 

Por supuesto, fue muy crítica con el pobre acceso a la cultura que tenían sus coetáneas: “La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión”.

No cesó nunca su lucha feminista, pues, a pesar de haber conseguido un alto reconocimiento como escritora y de ser presidenta de la Sección Literaria del Ateneo desde 1906, consejera de Instrucción Pública y Catedrática, hubo espacios que se le mantuvieron vetados. Hasta tres veces la Real Academia Española se negó a admitirla por ser mujer. Un hecho injusto que además le restregaron cruelmente invitándola a visitar las instalaciones de la sede de la RAE, siendo Juan Valera quien le enseñó el lugar y apuntó “Ve, doña Emilia, sus posaderas no cabrían en los sillones”. Cabe decir que tenía también amigos entre los académicos, Ramón y Cajal diría públicamente que “si hubiese hecho ya mi discurso de entrada y, por consiguiente, tuviera voto, se lo daría con toda mi alma a doña Emilia”. 

Ahora, cien años después de su muerte, se reconoce su valía y la importancia mundial de su figura dentro de la literatura y el pensamiento. “Pardo Bazán sufrió mucho con la RAE y fue una escritora que mereció de sobra estar en esta casa”, señaló el director de la Academia, Santiago Muñoz Machado, durante el acto de homenaje al centenario de Emilia.

Por mi parte, tengo una última reivindicación: la vuelta de doña Emilia al Pazo de Meirás, la que fue su casa y donde debería estar su legado. Ella lo mandó reconstruir y, posteriormente, instaló allí su biblioteca, que ella llamaba la “Torre de la Quimera”, también su balcón de las Musas, donde se inspiraba para sus novelas, y la nueva capilla, que inauguró con la boda de su hija Blanca. Sería un último acto de justicia y un lugar donde recordar para siempre a una de las figuras más relevantes de nuestra literatura.

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