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Artículo de septiembre, revista Página del Distrito. Deporte y tauromaquia en el lenguaje cotidiano.

Me pidieron que escribiera un artículo sobre deporte y tauromaquia en el lenguaje cotidiano para el número de septiembre de Página del distrito, y aquí estamos. Para alguien como yo, poco aficionada al deporte y que no ha visto una corrida de toros en su vida, este tema era todo un reto, pero decidí “coger al toro por los cuernos” y “lanzarme al ruedo”.

 

Deporte y tauromaquia en el lenguaje

Como estábamos en verano, una época distendida donde apetece el humor, pensé en hacer un pequeño relato metiendo esas frases que, a menudo, utilizamos sin ser conscientes de que pertenecen a ciertos ámbitos. Nuestra protagonista tendrá el taurino nombre de Verónica, una chica joven, vestida con “mallas”, una “torera” y calzada con “manoletinas”, que vivirá un día de auténtico “maratón” por culpa de la burocracia. ¡Va por ustedes!

“LA FAENA” DE VERÓNICA

A Verónica le “había pillado el toro” para entregar los documentos, tenía billete de tren para la tarde y la oficina estaba “hasta la bandera” de gente.

Se puso a la “cola del pelotón” y temió no llegar a tiempo, intentó pasar por la portería del edificio, pero había un cancerbero que le “paró los pies”. Verónica “pinchó en hueso” con el bedel, aquel hombre era un “cabestro” y no dejaba que nadie “le colase un gol por la escuadra”.

Dispuesta a “no tirar la toalla” volvió a la fila, eran las cinco en punto de la tarde y con el calor se encontraba ya para “el arrastre”.

En la cola decidió “cambiar de tercio” con la esperanza de que alguien le echase “un capote”, pues estaba “contra las cuerdas” por culpa del dichoso papeleo. Echó un vistazo “al tendido”, la mujer de delante hablaba por el móvil con una sobrina casada “de penalti” y parecía tener poca prisa, Verónica puso cara de pena y dijo que le estaba dando “una pájara” por el calor, la señora “entró al trapo” y convenció a los demás que la dejasen avanzar hasta “la cabeza del pelotón”. Verónica entró en la oficina “por la puerta grande”.

Ya solo le quedaba “rematar la faena” para sentirse como un “pichichi”. En la ventanilla, a punto de “dar la puntilla”, el funcionario le dio una “espantada”: le faltaba un sello.

El tipo era un “marrajo” de cuidado, pero Verónica le encaró que era muy fácil “ver los toros desde la barrera”. Se puso hecha un “miura” y salió el “míster” de la oficina. El hombre revisó los documentos y recriminó al funcionario “que no daba pie con bola”, era el nuevo de “la cuadrilla” y aún no se aclaraba con el papeleo. Al oír que no hacía falta ningún sello, el hombre se quedó en “orsai” y de “capa caída” y le recogió los documentos. Había logrado llegar a “la meta”.

Con un “desplante”, Verónica abandonó la oficina poniéndose “el mundo por montera” y saliendo “a escape libre” para coger el tren.

En la estación, aún tuvo tiempo de tomar una caña con “banderillas”, pensando que, después de ese día, “se cortaría la coleta” en eso de dejar las cosas para el último momento.

“A toro pasado”, resulta fácil tener propósito de enmienda pero, conociendo a Verónica como la conocemos, seguramente “a las primeras de cambio” le volverá a pasar lo mismo.

FIN

Como podéis ver, el mundo taurino “ha ganado por goleada” en esto del lenguaje en la vida cotidiana. Seguro que vosotros también habéis utilizado estas frases hechas en más de una ocasión. Deseo que hayáis pasado un feliz verano y que los excesos no os hayan “vestido de grana y oro”.

¡Nos leemos!

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