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Artículo de mayo, revista Página del Distrito. Feria del libro

La pandemia del coronavirus nos ha privado de muchos eventos, tanto públicos como privados, uno de ellos ha sido La Feria del Libro de Madrid, un encuentro entre editoriales, escritores, librerías y lectores, tan tradicional en mayo como las fiestas de San Isidro. Por eso, para este mes he querido hacerle este homenaje a la feria. Espero que os guste.

OTRO AÑO SIN FERIA DEL LIBRO

Nuestra feria es una de las más veteranas del mundo, se celebró por primera vez allá por el año 1933 con el nombre de Semana Cervantina, pero fue muy diferente a la actual, pues se celebró en abril, se ubicó en el paseo de Recoletos y apenas hubo unas pocas casetas. La siguiente ya fue en mayo, con el nombre de Feria del Libro Nacional e Hispanoamericana, y se mantuvo en el paseo de Recoletos. Tras dos ediciones más, vino la Guerra Civil y los duros años de posguerra, se perdieron muchas cosas y una de ellas fue nuestra querida feria, que no se recuperó hasta 1944.

Ese año, las casetas volvieron a Recoletos y se inauguró con el nombre de Feria Nacional del Libro y, aunque ya no tenía carácter internacional y la censura había impedido que muchos libros, nuevos y antiguos, así como autores, muertos o en el exilio, estuvieran presentes, nunca perdió su importancia cultural y social. Siguió celebrándose en Recoletos hasta 1967, cuando la feria tuvo su ubicación definitiva en El Retiro, y allí se celebra cada año desde entonces. La única excepción fue la edición del 79, que se trasladó a la Casa de Campo, resultando un completo fracaso de ventas y público.

Poco a poco, nuestra feria recuperó su internacionalidad. En 1982 ya no fue el Instituto Nacional del Libro Español el encargado de organizar la feria, sino que la responsabilidad pasó a una comisión intergremial de editores, libreros y distribuidores; la libertad de expresión y la divulgación de la cultura volvían a estar en las manos que correspondían. Desde entonces, el parque de El Retiro se convierte cada mayo en un río de gente, flanqueado por casetas, de más de dos kilómetros de longitud, donde se encuentran representadas librerías, editoriales, escritores y distribuidoras.

Según la RAE, la definición de “feria” es mercado al aire libre o fiesta, y no hay mejor definición. La Feria del Libro de Madrid es un evento, no solo cultural, sino festivo, alegre y desenfadado. En la feria se mira, se curiosea, se busca ese libro que aún ni sabemos que existe, pero que de alguna forma nos espera en el estand, tenemos la oportunidad de conocer a nuestro autor o autora favorita, de conseguir la firma en la solapa y de llevarnos a casa un libro único, especialmente dedicado para nosotros.

Como la mayoría, yo conocí la Feria del Libro en mi infancia. Recuerdo el paseo enorme y abigarrado de gente, a veces con calor y otras con lluvia, como corresponde al mes de mayo, pero siempre llamativa y excitante, y oyendo su característica megafonía que anuncia el número de la caseta donde va a haber firma de libros. Creo que nunca pudimos recorrerla entera, pero siempre volvíamos a casa con algún ejemplar nuevo e impregnado de ese olor que nos encanta a los lectores: el olor a tinta fresca y a papel nuevo. Es una fragancia que desaparece enseguida, pero que anticipa el placer de la lectura.

Con el tiempo, aquella niña que miraba las casetas y se ponía de puntillas para poder hojear los libros, que observaba a los escritores y escritoras como seres increíbles capaces de inventar historias, de crear mundos, de fabular cuentos, se vio un día dentro de un estand haciendo aquello que tanto admiraba. He tenido el placer de firmar dos veces en la feria: la primera fue por el libro Por favor sea breve, una recopilación de microrrelatos de autores, antiguos y actuales, donde hay un cuento mío; y la segunda, con mi primera novela, Tiempo muerto. En ambas ocasiones he vivido el miedo escénico, mirando al público con la sonrisa congelada, intentando ser agradable, esforzándome en que las dedicatorias fueran originales (aunque todo está inventado en ese campo). Pero, sobre todo, he disfrutado de ese momento único de estar al otro lado, donde nunca creí que estaría, y he almacenado en la memoria esos días irrepetibles como un pequeño tesoro personal.

La feria atrae a infinidad de librerías, editoriales y público pero, en esta era de Internet y redes sociales, se plantea el debate de si es necesaria. Vivimos tiempos de libros electrónicos, de acceso a todo (o casi todo) y de ver el mundo a través de pantallas, estamos inmersos en la imagen como el “summun” de la modernidad, las formas de consumo han cambiado y el libro parece desubicado. También el mundo editorial se ha decantado por el “show”, con honrosas excepciones, y apuesta por la cantidad más que por la calidad, por el famoseo, la “cultura” de usar y tirar, las modas y la venta por encima de todo. Muchas personas van a la caza del “selfie” más que a la del libro, conocer al autor o autora luce más que leer su obra, algo incomprensible pero cierto. Por eso creo que hay que fomentar una programación que atraiga a la gente a la lectura, que despierte el interés y la curiosidad por los libros, porque las ventas no deberían estar reñidas con la difusión cultural.

Para mí, el debate sobre la necesidad de la Feria del Libro está cerrado: es absolutamente necesaria. Y me gustaría instar a la industria y a las instituciones a aprovecharse de la incomparable atracción de este evento para enfocarlo en la divulgación de la literatura como una fuente infinita de ocio, cultura y placer. Porque hay gustos para todos, pero no se puede amar lo que no se conoce.

Me despido esperando reencontrarnos el año que viene en nuestra querida feria de mayo y deseándoos de todo corazón una feliz lectura.

http://paginadeldistrito.com/otro-ano-sin-feria-del-libro

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