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Bíblicas

Bíblicas es un conjunto de microrrelatos, escrito junto a otras dos escritoras y amigas, Juana Muñoz y Carmen Marzo, que nació de una idea relativamente sencilla que luego se nos complicaría bastante: reducir las historias de la Biblia a su mínima expresión literaria.
No tardamos mucho en darnos cuenta de lo complejo que era nuestro proyecto. La palabra “biblia”, del griego “biblion”, significa “los libros”, así que nuestra idea de simplificar la Biblia no iba a ser moco de pavo. Decidimos trabajar solo (digo “solo” como si fuera poco y me da la risa) con el Antiguo Testamento, que es un texto fascinante y que tiene de todo: crímenes, incestos, guerras, amoríos, viajes, apariciones, sacrificios… De hecho, muchos escritores y artistas han utilizado este material para inspirarse. Creíamos saber bastante sobre el tema, pero luego vino el agobio; no os imagináis la inmensa cantidad de material que hay sobre mitología cristiana. Así que nos pusimos a estudiar, a leer y releer, a investigar, a leer de nuevo, y a escribir, claro.

Teníamos que reducir aquello a microrrelatos, elegir qué historias contaríamos, de qué manera y desde qué perspectiva, y todo ello sin caer en obviedades ni en lugares comunes. También lo pasamos en grande, por qué no decirlo.
Durante tres años trabajamos intensamente juntas. Cada una escribía en su casa, por supuesto, pero cada quince días nos reuníamos en la cafetería del Círculo de Bellas Artes para poner el trabajo en común. Íbamos allí, con nuestras biblias debajo del brazo y los textos que teníamos escritos, para someterlos a corrección. Sospecho que formábamos una estampa curiosa, las tres sentadas en aquella cafetería tan emblemática, con las biblias, los papeles, los cuadernos, las notas, los bolígrafos, discutiendo si sí o si no, corrigiendo sin piedad lo de las otras y defendiendo lo propio a muerte, porque lo que una escribe es casi como un hijo. Una tarde, un señor con pinta de culto se acercó a nuestra mesa, dijo que llevaba un rato observándonos y que tenía una duda, entonces nos preguntó, con cierta esperanza, si éramos traductoras de arameo. Ay, confieso que me tentó contestarle que sí, pero la cordura se impuso, le dijimos la verdad y el señor se alejó decepcionado. En el Círculo suele haber bastantes escritores, pero traductoras de arameo no debe haber ninguna, y reconozco que aparentar
ser algo tan culto y sofisticado me llenó de un orgullo absurdo y fuera de lugar; misterios de la mente humana.
Finalmente, como veis, este proyecto uno y trino (perdonadme el chiste) fue terminado y publicado.
Ahora os toca a vosotros juzgarlo, sed piadosos (no como nosotras).Os pongo algunos de mis textos para abrir boca.

LA INGENUIDAD DE LOS HOMBRES Génesis 11:1-9
Quiso Dios mezclar las lenguas, permitiéndoles construir la torre de Babel.

DESCANSO Éxodo 16
Durante cuarenta años las mujeres fuimos libres en el desierto, dormíamos bajo las estrellas, recogíamos el maná caído del cielo, adorábamos al becerro de oro, pero los hombres decidieron entrar en la maldita tierra prometida y nosotras volvimos a ser las esclavas del pueblo de Israel.

ADORACIÓN Números 21:6-9
Envió Dios una plaga de serpientes y ordenó a Moisés esculpir una de bronce. Solo con mirarla se curarían de las mordeduras y sanarían. Recordó Moisés el becerro de oro, pero calló la boca, si en este caso Dios autorizaba la idolatría, no sería él quien pusiera pegas. Ya le iban conociendo.

LA APUESTA Job 1
El olor a incienso y azufre envuelve al santo Job que, sentado sobre sus llagas, aspira los dos aromas.
–Ya están aquí de nuevo –piensa–, siguen con su juego, pero ya se cansarán, solo hay que tener paciencia.

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