Miscelanea

Finca Galea

Hacía mucho tiempo que no me daba por la poesía, quizá fue el entorno, la tranquilidad o el fantasma de Rosalía de Castro que debía andar por aquellos parajes, el caso es que pensé ¿Por qué no? Reconozco mis prejuicios, siempre se teme caer en lo tópico, todo está dicho ya en literatura pero resultar cursi o pedante te puede ocurrir en prosa o en verso.

Escribí al aire libre escuchando solo los sonidos de la naturaleza y decidí dedicar el poema al señor Emilio, el artífice de todo aquello, me sorprendió ver como se emocionó y como buen hombre de campo quiso corresponder poniendo en mis manos un delicado recipiente de madrera de manzano en el cual guardo mis instrumentos de escribir, también frutas y tomates e incluso una pequeña planta de hierbaluisa que no ha podido resistir los rigores del clima madrileño. Esté ha sido mi premio literario del verano que recogí emocionada en la intimidad de la finca y sin ningún testigo.

Una fotografía corresponde a la finca, la otra es el corazón de un manzano muerto.

Finca Galea

 

Galea de agua y espesura

que en medirte la vista no te alcanza

Galea de paz y preciosura

cerca del mar, sin añoranza

de olas, gaviotas o sirenas.

Las ninfas de los montes cantan sobre tus aguas

sobre los muertos árboles

sobre las vivas frondas

sobre el río que parte en dos tu calma.

Al partir pensaré si no fue un sueño

de lluvia y niebla,

de sol y noches estrelladas.

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