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Farol

 Este cuento tiene una curiosa historia, fue mi primera incursión en el género Negro y se publicado en el libro de Cuentos para leer en el metro, esto no tiene nada de particular, lo curioso vino después cuando me pidieron permiso para traducirlo y publicarlo, nada menos que la Universidad Graz de Austria, por supuesto accedí pensando que sería un mero ejercicio para alumnos, el caso es que tiempo después me llegó este pequeño volumen, donde está mi cuento publicado. No sé si la traducción es buena o mala pero me resultó gracioso verme traducida al alemán.

Pongo la foto abajo para los incrédulos, por cierto, cambiaron Farol por Farolero, si leéis el texto entenderéis por qué.

FAROL

 

Madrid estaba a oscuras, los apagones eran cada vez más frecuentes y los crímenes siempre coincidían con ellos. Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis. Seis ya. El inspector repasó el cuadernillo con los datos. Dos la primera noche, una pareja de novios apuñalada mientras hacía el amor en su automóvil, no hay testigos; cuatro la segunda, un grupo de reclutas regresando al cuartel atropellados repetidas veces por un vehículo grande, una furgoneta o un todoterreno. Tampoco hay testigos, los cadáveres estaban irreconocibles. Seis la siguiente, una familia entera, abrieron a alguien conocido, asfixiados con gas atados en las sillas del comedor. El inspector cerró la libreta, apagó la luz interior del coche e instintivamente se palpó la Star en la sobaquera. La calle estaba desierta. Sacó el termo de café, dió un sorbo directamente y encendiendo las luces se dirigió a Sol. Alcalá estaba inquietante bajo la oscuridad. Iluminó a un mendigo y paró a pedirle la documentación. Estaba borracho. Cantaba soy el farolero de la puertaelsol. El inspector se estremeció y le dio dos bofetadas.−¿Se puede saber porqué me hostia? -dijo. −¿De dónde coño has sacado esa canción?. Y él −¿Qué canción? −No te hagas el idiota, tú a mí no me chuleas, cabrón -dijo el inspector. −Yo no he hecho nada, no estoy ni fichado por la bofia. -suplica el mendigo.

Lo metió en el coche esposado y decidió dejarlo en Sol. Sin darse cuenta silbó soy el farolero pero lo dejó al instante. Al llegar a la comisaría vio las luces de varios coches patrulla. Las sirenas le ensordecían. −¿Pasa algo? -gritando. −Buenas noches inspector, ha sido en Méndez Alvaro, ocho, los han acribillado a balazos –dijo un policía joven que él no conocía. −Seis y dos son ocho y ocho dieciséis -murmura, le pregunta que dice, y él, nada, nada. −¿Y ese? −Un borracho, prefiero dejarlo en el calabozo, estará más seguro -sacándolo del coche.

El mendigo empieza a gritar −Al trullo no, yo no he hecho nada, se lo juro. El inspector lo suelta −Lárgate, qué más da un parásito menos, pero hoy escóndete, no tengo ganas de más historias por esta noche.

Volvió al coche, no le apetecía ver los cadáveres y se desvió hacia San Blas, tenía un amigo en esa comisaría, deseaba charlar un rato. Al salir de Sol se encendieron los faroles. −Soy el farolero de La Puerta del Sol, mierda de canción -se paró en un semáforo- y ocho dieciseis, qué puta noche me espera.

Madrid iluminado le producía un sensación de paz, pensó en su teoría –es absurdo, no tiene fundamento. Dejando atrás el pirulí decidió atravesar Moratalaz, se daría un vuelta por la avenida de Guadalajara, entre el trapicheo encontraría algún soplón y quíen sabe. Le gustaba San Blas, fue su primer destino y pensar que había acabado hasta los cojones, por eso pidió el traslado, pero Centro era mucho peor −¡Ahhh, …lo malo conocido…!. Paró junto a las chabolas, Había un ir y venir frenético −Ni que regalaran esa mierda. Después de unos minutos vio un cara familiar, dando un par de veces la luces iluminó al hombre que se dio media vuelta para huir. −¡Eh, ven aquí, gilipollas! -se acercó.

Algunos miraban con curiosidad, era un yonqui conocido, aunque le recordaba más alto, con una complexion atlética, lo que tenía delante era una piltrafa llena de pupas. −Inspector, es usté verdá, cuanto tiempo, no debería llamarme así, lo digo por lo descarao, los colegas se mosquean, esta gente es mala, inspector, tienen mala hostia éstos, inspector. −No seas maricona, sientate, tengo que hablar contigo -el otro dudó. −Venga joder que este coche es el mío. −Aquí tos saben de quien es cada coche -dijo moviendo la cabeza. El inspector abrió la puerta, el yonqui entró, por un momento pensó en invitarle a un café pero aquella boca desdentada, las manos llenas de heridas, las venas acorchadas, fijo que es un sida, este lleva la muerte encima, no hay más que verlo. −Quería preguntarte un par de cosas, si colaboras te puedes largar -sonriéndole. −Prefiero que me detenga, mañara me suelta y listo, así me invita a algo caliente en la comisaría, hoy estoy muy mal jefe.

Arrancó hacia San Blas, espero que Germán no se enfade -suspiró. Me estoy metiendo en camisa de once varas por hacer un favor a esto.

Miró el reloj, eran sólo las tres de la mañana, llegaron enseguida, aparcó frente a la puerta y subieron juntos, en el hall de la comisaría Germán sacaba un café de la máquina. –Que sean dos. Germán se volvió –coño Víctor, ¿cómo estás hombre, qué tal por Centro? –Mal, cada día me arrepiento más del traslado -dijo. –Como si esto fuera Holiwood, anda toma, sólo ¿no? -le acerca el café. ¿Y éste? -señalando al yonqui.

Luego te cuento, ¿ tú cómo lo quieres ? –Con leche inspector -dice- y dos de azucar, hoy estoy muy mal, gracias inspector. Le señala una silla de plástico bajo un cartel del Comando Madrid –Sientate ahí y no des guerra –volviéndose- ven Germán quiero hablar contigo y si puede ser en tu despacho, mejor. –Adelante, ya sabes donde está. Caminan en silencio a lo largo de un pasillo iluminado por fluorescentes. –¿Os ha afectado el apagón? –Aquí hoy no ha llegado -se para frente al despacho. –En Centro sí, es como una pesadilla -entran. Cuantos recuerdos agradables. –Chico, pareces mi viuda -se ríe Germán. ¿Se puede saber que te pasa? –Tengo una idea que me obsesiona, dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho, dieciseis, ¿te suena ? Se queda pensativo. –Sí, me resulta familiar, es una canción infantil, ¿no? –El farolero -sonrie Víctor- ¿No te dicen nada las cifras? –Que quieres que me digan -se encoge de hombros-, hace años que no la oigo. El inspector saca la libreta. –Dos, los novios, cuatro, los reclutas, seis, la familia, ocho, Mendez Alvaro, – cierra la libreta. –¡Ah! lo de esta noche, casi todos yonquis, había algún inmigrante -piensa- si, dos negros. –Pues eso, coincide con la canción, no lo ves, las cifras coinciden con el número de muertos, los próximos serán dieciséis -grita. –Vamos, cargarse a dieciseis, -Germán niega con la cabeza- no creo. –No me estas escuchando, dos, cuatro, seis, ocho, los apagones, la canción habla de un farolero, es Madrid, la Puerta del Sol, ¿no lo comprendes?. Es un asesino en serie, le quedan dieciséis, veinticuatro, treinta y dos, ánimas benditas me arrodillo yo, luego se pegará un tiro. –Se queda en silencio. Pasan unos segundos tensos, Germán tose y mira a su amigo –¿Se lo has dicho a alguien? -pregunta. –No, aún no me hé atrevido, hasta ahora en España no ha habido nada igual a esto, no sé por donde cogerlo -sonríe avergonzado- por eso estoy aquí, quiero saber tu opinión, eres el único del que me fío. El flexo ilumina las manos del inspector, la cara queda en penumbra, Germán se sienta frente a él, saca un paquete de tabaco –¿Fumas? -Víctor niega. –Así que lo dejaste, como ves yo no lo he conseguido, siempre tuviste mas huevos que yo.

Dime que opinas -insiste- necesito saber tu opinión. –¿Dónde quieres ir a parar ? La historia vista así tiene lógica pero es bastante retorcida, no te parece, una canción infantil como móvil, no sé, no sé si lo veo o no, tú eres un hombre inteligente cómo vas a defender una teoría así, es absurdo, te puedes jugar la carrera por esto. –Piensas que estoy loco ¿no es eso? quizá tengas razón, demasiadas noches sin dormir, Centro me puede, estoy hasta los cojones de esa comisaría, pero esto es otra cosa, es una corazonada lo presentí desde el dos al cuatro. Germán apaga el cigarro y mira de frente a Víctor –¿Y el yonqui? es un souvenir que te has traído de los focos, o qué. –Más o menos, fui a husmear por allí, siempre encuentras algún soplón conocido, estoy perdido con esto, supongo que era una escusa para verte. Germán se echa a reir –¡Qué cabronazo! ¿Quieres que me vaya a Centro contigo amor? –No te cachondees, estoy harto de este trabajo y encima esta obsesión con los apagones, tengo que saber de qué va, este caso es mío, lo presiento. –Está bien, -dándole una palmada en la espalda- vamos a interrogar a ese gilipollas que te has traído, nos servirá de entretenimiento. El yonqui cabecea en la silla –Este no nos sirve para nada, no se debe acordar ni de su puta madre. –Germán se acerca, grita –¡Apagones! ¿Qué sabes de eso? El yonqui se sobresalta –Venga sueltalo todo y puedes largarte. El yonqui mira desconcertado –De eso apenas se nada.., Germán sonrie mientras se dirigen los tres a su despacho. Otra vez la luz del flexo ilumina las manos de Víctor, tiene al chico de frente, no ve bien su cara, mecánicamente lo ilumina, el rostro se contrae. –La luz me molesta, inspector, tengo conjuntivitis -se queja. –Lo que estás es colgado -interviene Germán-, no seas mamón y habla rápido que no tenemos toda la noche. –Mire yo sé muy poco, apenas lo que contó un colega, un tío zumbao que dice que vio lo de los milicos. –No divagues y al grano -pregunta Víctor- ¿qué fué lo que vio? –Una furgo se los llevó por delante, iba sin luces, mi colega se acercó pa ver la sangre y eso, cuando vio que el pavo metía marcha atrás y otra vez les pasaba por encima, este se acojonó y se escondió detrás de un contenedor de basuras, desde ahí oía como la furgo arrancaba patrás y palante, cuando terminó se abrió de allí antes de que llegara la pasma, el tío está fichao por camello y ha pasado por la trena varias veces, pero es un tío legal. –Bingo, -Germán da una palmada a Víctor- por fin un testigo, siempre tuviste buen ojo con los soplones.

El inspector se queda pensativo — ¿Cómo era la furgoneta?. El yoqui se encoge de hombros –Yo no la vi -Germán le coge por la papada. –Pero tu colega sí -Víctor aparta la luz del flexo. –Venga no nos chulees, cuando se ve algo así se recuerdan más cosas, yo recuerdo muchas tuyas, no me hagas hablar. –Es que no sé como me dijo, azul y blanca, creo, me suena que era así -suplica- pero yo no sé nada más se lo juro por mis hijos que es verdá. –Esta bien, puedes largarte, -el inspector le extiende dos monedas de veinte duros- tómate algo. –Gracias inspector, -al salir murmura- vaya full.

La noche es fresca, los dos policías se asoman a la puerta, Germán enciende un cigarro y Víctor le da un manotazo, –Déjalo de una puta vez. El apagón les sorprende, a sus pies la brasa del cigarro es la única luz. –¡Vamos! éste es en mi distrito -se dirigen hacia el coche, palpan la cerradura, se sientan manteniendo la luz interior, Germán enciende la emisora, a través de las ondas se dan consignas precipitadas. –La oscuridad confunde las ideas, estamos tan acostumbrados a la luz que no sabemos qué coño hacer cuando falta -dice Víctor. El barrio a oscuras parece el escanario de una pesadilla, los bloques se suceden iguales apenas iluminados por los faros, una furgoneta pasa veloz se ha saltado un ceda el paso. –Mira es de la compañia eléctrica -dice Germán- voy a seguirla, seguro que va a la central de Carretera de Vicalvaro, allí ha debido ser el atentado o lo que sea. –Parece mentira que éste sea tu distrito, la central la hemos dejado atras hace un rato, síguela, porque va a otro sitio. La furgoneta avanza cada vez más deprisa, es difícil seguirla, Víctor se impacienta –No la pierdas, joder, que se te va. Las calles cada vez mas estrechas, es una zona de chales alternando con algunas casitas bajas, al volver una esquina la furgoneta ha desaparecido. –Mierda -dice Germán. –Apaga -Víctor dá un manotazo desde su asiento para quitar las luces. Mirala dónde esta. Señala a una calle lateral, junto a una casa más grande que las otras, la luna está saliendo de entre las nubes y la furgoneta queda débilmente iluminada. –Azul con un círculo amarillo, no blanco, amarillo, eso fue lo que vió el yonqui, es esa. –Es el logotipo de la compañia, en Madrid las hay a miles -dice Germán. Alguien sale de la furgoneta, lleva un bidón en la mano, se acerca a la casa. –Es el loco, estoy seguro. –Puede que le hallan avisado por una avería. –Tu estás gilipollas, Germán, a las cinco de la mañana y enmedio de un apagón -se toca la sien- va a prender fuego a la casa. Sale del coche gritando alto, policia, detengase, pero el hombre no se detiene, corre con el bidón, Víctor le grita que se detenga y entonces Germán escucha dos disparos, el hombre cae. –¿Qué has hecho? Corren hacia el hombre, lo vuelven bocarriba. –Esta muerto, te lo has cargado, esa maldita puntería tuya te acaba de joder la vida, como coño vas a explicar esto, un tío desarmado, muerto por la espalda, un empleado. –Era él, estoy seguro, aunque nadie me crea era él.

La puerta se abre, en el umbral unas figuras negras –Virgen Santísima, ¿qué ha pasado?, ¿son ustedes policías? los oímos gritar y también los disparos, mire madre un muerto, ¡Santo Dios! Víctor se vuelve –¿Quienes son ustedes?

Una congregación de hermanas javerianas, este es nuestro convento, un sitio pequeño, sólo somos dieciséis.

 

 

 

5 Comentarios

  • INES

    FELICIDADES POR LA TRADUCCIÓN EN ALEMÁN .
    ESTE CUENTO ES UNO DE LOS CUENTOS QUE PERTENECE AL LIBRO ,CUENTOS PARA LEER EN EL METRO ?

  • bea

    Sí, este libro era una antología de diversos autores, llegó a Austria y mi cuento «Farol» fue seleccionado, la primera sorprendida fui yo.(•‿•)

  • Luis

    Siempre enganchas con tu forma de escribir. No puedes dejar de leer. Enhorabuena, me encanta este estilo

  • Julián Pérez Franco

    Veo que al final te leeré todo lo escrito.
    Este relato o cuento está verdaderamente muy bien, se me ha hecho corto.

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