Premiados

Diario

Este relato ha obtenido el Tercer Premio en el V Certamen de Relatos“Literatura y Biblioteca”, convocado con motivo del Día de la Biblioteca, el 24 de octubre de 2018, por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid.

 

Diario

Ya sé que es usted la psicóloga de mi hija, que sus confidencias con ella son mero asunto suyo, de las dos, pero yo soy su madre y mi hija está perdiendo la cabeza. No es que siempre la tuviese en su sitio, la niña me dio guerra desde que nació, fue prematura y parecía un pez, con aquellos ojos grandes y la boca como una carpa de El Retiro cuando les vacían el estanque, pero no me mire así, es una broma, yo lo pasé muy mal, y mi ex también. En aquella época aún estábamos medio bien y él quería tener hijos, yo no lo tenía tan claro, pero hacía falta mi útero y mis pechos y los nueve meses de embarazo para que él fuese papá, y yo me dejé convencer. Fue un buen padre, incluso al separarnos lo siguió siendo, tenía la mocosa cinco años y al principio se fue a vivir con él, ya sé que queda raro pero yo volví a mi trabajo y en casa estaba él todo el día, trabajaba desde allí con el ordenador y mis horarios siempre han sido una locura, además, empecé a viajar, al principio por obligación y después por devoción, pero esto a usted no le interesa, son cosas de familia. Mi ex acostumbró a la nena a la lectura, eso en principio no es malo, le leía cuentos por la noche y ella enseguida aprendió a leer, ahora viene el problema, el primero, se creía una princesa, andaba por la casa vestida de largo, tropezándose por la escaleras y con una diadema horrible de los chinos, lo malo es que pretendía ir así al colegio, menos mal que las monjas no tienen paciencia con esas bobadas y se tuvo que poner el uniforme como todas las niñas, pero al llegar a casa se vestía de princesa, luego fue un hada, después un cisne de los del lago, una bruja, una náufraga, todo lo que leía se le metía en la cabeza. Cuando la recogía el fin de semana era un suplicio, aparecía hecha una mamarracha y yo era la mala por no consentir aquellos desvaríos, su padre defendía la imaginación y la fantasía, y yo las buenas notas y el orden, pero las notas eran malas y el desorden completo, así que empecé a enseñarle libros de ciencias, para compensar, a ver si le apetecía ser neurocirujana o ingeniera de algo, pero se dormía, aquello no le interesaba en absoluto. Fue entonces cuando empecé a pensar que mi hija era estúpida, que le faltó algo al nacer o que tenía todos los genes de la familia paterna, donde el que no cojea, renquea, como decía mi pobre madre de aquella pandilla de descerebrados, porque algunos de mis cuñados son medio artistas o medio payasos, según se mire. La niña iba de mal en peor en el colegio y al tonto de mi ex no se le ocurrió otra cosa que sacarla de las monjas y meterla en un colegio público, la que tuvimos fue tremenda, una bronca que aún, después de los años que han pasado, cuando la recuerdo me enervo, qué vergüenza, mi hija allí metida, en el trabajo jamás dije nada y solo de pensar que podría ir disfrazada me quería morir, pero ya tenía doce años y ahora leía otras cosas, raras para su edad pero otros libros donde, por lo visto, no había hadas, ni princesas. En aquel tiempo me volví a casar con alguien normal, que piensa en el dinero, en las vacaciones, en cambiar de coche y en comprar un adosado, mayor que yo y sin ganas de hijos, la custodia la tenía su padre y mi hija cuando conoció a mi novio sacó las uñas y bufó como una gata, literal, no le dio ni los buenos días, estuvo enfurruñada todo el tiempo y el pobre hombre no sabía qué hacer, pero yo sí que lo tenía claro, a media tarde se la devolví a su padre, después tuvimos unas palabras por teléfono donde le dejé bien clarito lo que pensaba de ella y de su papá, de que no iba a dejarme avasallar por sus pataletas de doce años y que con ella o sin ella me casaba el mes siguiente, porque un hombre así no se encuentra todos los días. La boda fue sin mi hija, pero salió perfecta, en Ibiza, en un barco solo para adultos y con los íntimos, durante ese año apenas nos vimos, la niña seguía con sus desvaríos, viviendo con su padre, y como no quería venir al chalet, nos veíamos en algún centro comercial, le compraba algo de su gusto, que no del mío, aquellas camisetas de grupos innombrables o cosas negras, un horror, pero yo no quería discutir, ya tenía trece años, era más alta que yo y le tengo pavor a los escándalos. Siempre iba con un libro de la biblioteca que, por supuesto, yo no había oído nombrar jamás, y le hacía ver que me parecía todo muy bien, así pasábamos el sábado, el domingo solía escabullirse con la excusa del estudio y yo me hacía la tonta, sabía que era una pésima estudiante pero cada vez me importaba menos, la verdad es que no nos soportábamos, no me mire así, nunca se lo he dicho a nadie pero si tengo que ser sincera, lo voy a ser. Ahora viene el problema de verdad, ese que usted ya conoce, cuando mejor estábamos, cuando todo estaba claro y yo tenía mi vida y ella la suya, a mi ex le da el infarto, porque solo fue uno, a un compañero de trabajo le han dado tres y ahí sigue tan campante, pero a este no, tenía que dar la nota, algo fulminante y repentino, y delante de la niña, para que el trauma fuese mayor y más caro, porque usted se está llevando una pasta y mi hija está cada vez peor. Ya sabe que mi hija vive conmigo desde que pasó lo de su padre, he tenido que habilitarle la buhardilla, porque en el chalet no tenía una habitación para ella, no venía nunca, así que no era necesario. Total, que le pongo sus muebles, los libros, todo, de la otra casa nada, mi ex era un bohemio alérgico a las hipotecas que vivía de alquiler, así que la instalo lo mejor posible y la dejo que llore y esté de mal humor y no baje a comer, que la chica boliviana que tengo en casa se encargue de ella y esté pendiente, porque yo tengo la vida muy complicada, el caso es que empieza a estar muy desmejorada y es mi marido el que decide lo de la terapia, cosa que yo nunca he visto muy clara, porque lo que tiene mi hija es mucho mimo y mala leche, que nunca se ha alegrado de mis éxitos, ni de mi estatus, que siempre ha estado obsesionada con su padre, con ese complejo de Electra que, aunque usted no lo quiera reconocer, es un caso de libro. No quiero irme por las ramas, como ya sabe la niña lleva sin venir dos semanas, así que esa terapia suya tan cara y tan personalizada no le está sirviendo una mierda y encima tiene la desfachatez de cobrar las citas a las que no ha venido con la excusa de que ni hemos avisado, ni hemos anulado la terapia, por eso he venido yo, para poner las cosas claras y pedir explicaciones, porque mi hija ahora sí que está como un cencerro. El otro día le dije a la chica que subiría yo la comida, lo que me encontré es que no tiene nombre, la buhardilla es muy hermosa, con mucha luz, pues mi hija ha oscurecido las ventanas con mantas, ha movido los muebles como en un laberinto, está cerrada con llave, media hora hasta que me abrió, vestida con ropas unas encima de otras y no quiere poner la calefacción, dice que le suba la comida racionada y que va con calcetines por no hacer ruido, yo ahí me asusté, le pedí explicaciones y me dijo que no gritase, que puede venir la Gestapo.

Volví a subir con mi marido y la chica para que viesen el panorama, a ver qué hacíamos, estaba en un rincón escribiendo, bajo el rayo de luz que se filtraba por la rendija de la manta, nos miró como si no nos conociese y nos pidió una vela para escribir su diario por la noche, dice que dar la luz es peligroso, yo no tenía ni idea de que tuviese un diario, se lo pedí pero dijo que no con la cabeza, después dijo algo como que quería ser Ana Frank, yo estaba empezando a ponerme histérica y lo que quería era tirar de la manta y colocar los muebles y dejar de consentirle todas esas bobadas, pero mi marido me sacó de la buhardilla y me dijo lo del trauma. Esa noche busqué en Internet quién era esa Ana Frank que la tenía tan fascinada, y me entero de que es una judía que se escondía de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, que no tiene nada que ver con mi hija, además lo único que hizo fue escribir un diario que parece ser que es muy famoso pero era una niñata de catorce años que además la pillan los nazis, a ella y a toda la familia y al final se muere, ella y todos los escondidos, menos el padre que publica el diario, vamos, al revés que nosotros, así que subo esta mañana y le digo que ya me he informado de toda la historia y que no tiene ni pies ni cabeza, y que no entiendo por qué le gustaría ser una judía escondida que solo escribe un diario, y entonces me dice que tiene envidia de Ana Frank, y como me deja con la boca abierta, remata que es porque a ella la querían. No le parece a usted como psicóloga totalmente absurdo que diga que lo único que le interesa es que la quieran; mi hija está perdiendo la cabeza, ya es prácticamente una loca.

8 Comentarios

  • bea

    Mis mas sinceras disculpas, no se porque pero no debió guardarse. Estoy empezando con el Blog y algo en la configuración fue mal. Ha pasado con otros comentarios aunque ya está solucionado.
    Te quiero agradecer tu lectura y tu comentario por lo que significa empezar para mi con este lío.

  • María

    Bea, te felicito. Has esbozado, con un trazo de pintor experto, que no hay mayor ceguera que la de alguien que no es capaz de ver más haya de si mismo

  • bea

    Gracias María.
    Es un placer saber las distintas miradas sobre un relato, espero seguir teniendote como lectora.

  • Julián Pérez Franco

    Por fin lo he leído y me ha parecido muy bueno. Los sueños se suelen cumplir, solo hay que seguir nuestros instintos.

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